Rafael Nadal ha pecado de ingenuidad. Lo cierto es que tras el vídeo de los guiñoles franceses se ha visto en la obligación, por alusiones, de hablar más de la cuenta sobre el dopaje en el deporte en general, pero en particular del deporte español, porque alguien la ha tomado con él.
El caso es que el tenista español ha pecado un poco de ingenuidad cuando afirma que en deportes como el suyo o como el fútbol, además de los de precisión, no tiene sentido doparse, pero sí en otros como el ciclismo, por ejemplo, que son más de resistencia.
Olvida Nadal entonces la cantidad de positivos que se dan en el tenis y en menor medida en el fútbol, en donde es cierto que no se habla tanto de dopaje, como tampoco se hace en baloncesto. Si bien si recordamos las palabras del famoso doctor Eufemiano, quien suministraba sustancias dopantes a diversos deportistas, ya advirtió que en sus bases de datos hay deportistas de élite muy conocidos, y esto y la sanción al ciclista Contador han dado alas a determinado sector del público francés que parece no saber mirar el ojo propio y solo el ajeno.
En cualquier caso Nadal peca de ingenuo si asegura que no hay dopaje a ese nivel, pero sí puede tener razón cuando asegura que es muy complicado hacer trampas, y que en su caso en particular hay infinidad de controles sorpresa, por lo que no hay escape.
Nadal se ha mostrado muy razonable y acertado con una cuestión, y es que se le ha dado mayor trascendencia de la que se merece a las caricaturas que vienen de Francia, por otra parte una tontería poco fundamentada, si bien reconoce que se han ensañado con el deporte español con muy mala fe. Y en su caso en particular asegura que nunca ha visto dopaje entre sus compañeros, aunque podría citar el positivo que dio Mariano Puerta tras perder con Rafa la final de Roland Garros de 2005.
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